lunes, 14 de julio de 2014

[OneShot] Los 6 grados de una separación

Título: “Los 6 grados de una separación”
Género: Yaoi, Angst (?)
Parejas: Hikaru Yaotome / Keito Okamoto (HikaTo)
Extensión: OneShot
Autora: Ayaa
Nota: Creo que a esto se le llama SongFic Así que aquí esta la -canción-
Perdón por tardar, pero alguien dígale a mis profesores que no soy una maquina de hacer trabajos tan pesados ;3;
Estuve escribiendo este fic de poco en poco en mis ratos libres, lo estoy terminando de madrugada porque hay demasiada cafeína en mi sangre y no puedo dormir, a pesar de que tengo clase en una horas lol
Algo triste, para variar~ xD No sé, escribir estas cosas triste resulta revitalizador para mi, como que me alimento de tristeza (?)
Espero que lo disfruten, con el poco tiempo que tengo trabajo en todo lo demás, lo juro!!



Los 6 grados de una separación.

Cuando nos enamoramos perdemos el sentido y noción de muchas cosas. El hecho de que una persona sea capaz de cambiar nuestro mundo de la noche a la mañana parece ser algo normal. El color, olor, sensación, gusto y hasta los sonidos son diferentes. La felicidad esta al alcance de nuestras manos, como quien va al súper mercado y toma con facilidad todo lo que necesita. Así era la vida de Okamoto Keito.

Todo comenzó con una inesperada confesión de quien jamás lo imaginó, y sin embargo fue el hecho que terminó de darle sentido a su vida justo cuando lo necesitaba desesperadamente.
-Keito, me gustas-
Esas fueron las palabras mágicas, el conjuro especial que terminó con sus días grises y perdidos. Con una sonrisa y un sonrojo en el rostro aceptó esos sentimientos y los correspondió.
-Tú también me gustas, Hikaru-
Decir su nombre fue maravilloso, siempre lo había llamado por su apellido, y ahora tenía el derecho a llamarlo “Hikaru”. Esto sencillamente era mejor que un sueño.

La relación era buena, llena de diversión, momentos juntos, pequeñas peleas las cuales se resolvían entre sábanas.
Hikaru le dio su primera vez. Su primer dolor y su primer placer. Después de aquello hubieron un montón de primeras veces. Primer beso furtivo en medio de una multitud, la primera vez que tomó su mano para andar por la calle, la primera vez que se desveló pensando en un regalo de cumpleaños, en fin.
Con el tiempo llegó a comprender que ese cariño, esa felicidad que le brindaba con tanta facilidad se convertía en amor. Un amor incondicional y verdadero. Tenía que confesárselo, así que en la velada de su aniversario se lo confesó durante la elegante cena privada que se llevaba a cabo en el departamento de Hikaru.
-Me sorprende que seas tan hábil en la cocina-
Lo felicitó Hikaru con una radiante sonrisa, después tomó un poco de vino y suspiró satisfecho.
-He de confesar que gracias a ti mis gustos se han refinado mucho, por tu culpa me encanta tomar vino en la cena-
Keito sonrió y también tomo un poco del rojo néctar que estaba en su elegante copa de cristal.
-No empieces a decir que tengo gustos más refinados que tu, es una tontería que pienses así-
Hikaru sonrió, se puso de pie y caminó hacia a él. Tomo su rostro entre sus manos y le dijo al oído.
-Me encanta que seas así de tímido y amable, verte así me hace querer destruirte por dentro sin piedad-
Keito comprendía el significado detrás de semejante confesión y de inmediato se sonrojó. A pesar del tiempo aún no se acostumbraba del todo a esa parte de Hikaru.
-Antes de culminar nuestra celebración, hay algo importante que quiero decirte-
Lo miró directo a los ojos, transmitiendo todo el cariño y toda la sinceridad que lo inundaba por dentro.
Hikaru lo miró fijamente y alejó sus manos. Gracias a esto Keito pudo ponerse de pie. Respiró profundo y tosió un poco para aclarar su garganta. A decir verdad se encontraba demasiado nervioso y necesitaba deshacerse de esa sensación lo antes posible si es que quería que su confesión fuera perfecta. Y lo sería.
-Verás, en todo el tiempo que llevamos saliendo, me he dado cuenta de algo importante, algo que necesito decirte o-
-No me digas que quieres terminar-
Lo interrumpió Hikaru con una mirada triste. Keito sonrió y antes de poder proseguir el mayor se puso a hablar desesperado.
-Sé que hay días en que mis bromas se pasan de la raya un poco, que a veces me pongo insoportable y que tengo cierta adicción al sexo, pero solo a hacerlo contigo, lo juro. A veces puede parecer que solo te quiero por eso ya que crees que probablemente no te escucho cuando me cuentas las cosas pero-
-Te amo-
Lo interrumpió Keito, antes de que Hikaru continuara hablando. Estas dos sencillas palabras dejaron mudo al mayor. Tragó saliva con dificultad y lo miró con extrañeza. Se frotó los ojos y sacudió la cabeza.
-¿Qué?... ¿Qué acabas de decir?-
Keito sonrió nervioso, soltar aquello lo había dejado casi sin fuerzas, pero aún así reunió las pocas que le quedaban y dijo claramente.
-Te amo, Hikaru-
El mayor tragó saliva con dificultad. Su mirada no se alejaba de Keito, como si esperara a que este se riera en cualquier momento. Pero eso no sucedió.
-¿Lo dices en serio?-
Keito asintió con la cabeza. Aun sonreía, esperando alguna respuesta, lo que fuese, por parte de Hikaru. Y la respuesta llegó.
Con una gran sonrisa, lo abrazó con fuerza y presionó un par de veces sus hombros. Rió un poco de nervios, respiró profundo y al fin dijo.
-Tienes una facilidad impresionante para cambiarlo todo en un segundo, Okamoto-
Keito sonrió y se aferró con más fuerza a Hikaru.
-¿Eso que quiere decir?-
Al preguntar aquello, su corazón dio un salto, de pronto temió que Hikaru no le dijera que sentía lo mismo.
-Pues que yo también te amo, tonto. Creí que ya lo sabías-
Keito sonrió feliz, sus ojos se inundaron de lagrimas y se aferró aún más a la espalda de Hikaru.

Los besos y caricias que siguieron después solo sirvieron para sellar aquella confesión tan importante. Después de un año de relación al fin se habían dicho las palabras más importantes, las cuales no dejaron de repetir entre suspiros durante toda la noche. Aquello era para Keito la felicidad absoluta, nada podía ser mejor que eso. Sentirse tan amado por Hikaru era todo lo que necesitaba en su vida.

Pero nada es para siempre y el amor tampoco lo es.
Meses más tarde, comenzaron a distanciarse. Trabajo, estudios y otras cosas los fueron alejando más y más. Eran contadas las veces en las que Keito podía ver a Hikaru, y ni hablar de las llamadas. Ambos fueron absorbidos por mundos diferentes.
A Keito lo asfixiaba la universidad y a Hikaru el trabajo, ser músico no es cosa fácil y peor aún cuando te has convertido en un compositor importante.
Poco a poco, las letras que Hikaru escribía dejaban de estar inspiradas en Keito.
Para Keito, poco a poco fue imposible pensar en estar con Hikaru más de dos horas.
Poco a poco todo se desmoronó.

-No puedo continuar así-
Le dijo Hikaru aquella tarde mientras tomaban un café cerca de la universidad de Keito.
-¿A que te refieres?-
-¿Qué no es obvio? A penas y te veo, si tu no llevas prisa estas demasiado ocupado pensando en tus estudios-
-Y tu en los montones de compromisos y juntas que tienes con todos esos artistas-
Hikaru suspiró con cierto fastidio.
-Es mi trabajo, lo que amo hacer y lo sabes-
-Estudiar es lo que he querido hacer todo el tiempo, necesito graduarme y realizar tantas cosas que tengo planeadas-
-Seguramente entre ese montón de cosas yo no estoy incluido-
Ante el comentario de Hikaru, Keito reflexionó brevemente, tal vez el mayor tenía razón.
-¿Quieres terminar?-
Su voz se quebró un poco, no quería aquello, quería creer que aún había esperanza, alguna salvación.
-Si-
Solo eso, fue todo lo que Hikaru dijo. Enseguida la oscuridad, amargura y soledad volvían lentamente a su mundo.
-No quiero terminar contigo, se que todo esto pasará y después volveremos a tener tiempo para nosotros-
Luchó por que su voz siguiera firme.
-Yo tampoco quisiera esto, pero tenemos planes diferentes, además, estoy conociendo gente nueva, tal vez algún día me guste alguien de nuevo-
-Pero tu me amas-
Poco a poco sus ojos se llenaron de agua, casi no distinguía bien el rostro de Hikaru debido a lo mismo, necesitaba mantenerse calmado y fuerte.
-Ya no estoy seguro. Lo mejor será dejarlo todo por la paz-
Sin más que decir y con la voz más fría que jamás había escuchado, Hikaru terminó con todo. Se levantó sin esperar respuesta alguna, dejando tan solo un billete sobre la mesa y una llave.
No supo cuanto tiempo estuvo ahí sentado, inmóvil, con la mirada perdida y las lagrimas acumulándose en sus ojos, hasta que una mesera se acercó.
-¿Va a ordenar algo más?-
Como un autómata, Keito respondió.
-No, gracias, solo quiero la cuenta-
La chica se alejo y a los pocos minutos regresó con un ticket que dejó sobre la mesa. Solo tendría que pagar por dos cafés. Tomo el billete de Hikaru y la llave. Esa llave era de su departamento. Desde que su relación comenzó intercambiaron llaves, el ni si quera había podido regresarle la suya.
-Supongo que no le importará-
Dijo para si al salir de aquella cafetería. Sabía que tenía que volver a clase, pero no tenía ganas de estar encerrado por dos horas mientras todos tomaban notas y un profesor hablaba sin parar. Así que decidió volver a su departamento.

Tres días completos se encerró en su departamento, ignoró llamadas, el timbre y los correos electrónicos.
Intentó no hacer nada importante, leía a ratos, veía la televisión, recurrió a la comida instantánea que guardaba en la alacena ya que no tenía ánimos de cocinar. Tal vez se estaba encerrando en si mismo para olvidarlo todo, era lo mejor que se le había ocurrido.

“Has leído los libros, visto los shows,
Nadie sabe cuál es la mejor manera.
Meditar, hipnotizar,
Cualquier cosa para poder salir de tu mente,
Pero no pasará.
Haces todo esto por desesperación.
Estas atravesando por los seis grados de una separación.”

En su cautiverio se encargo de deshacer el perfecto orden que durante años había prevalecido en su departamento. Había libros, ropa, hojas de papel, periódicos, propaganda, basura y pañuelos usados regados por el suelo de casi todo el departamento.
Una tarde lleno la bañera con agua caliente y entró con todo y ropa. Parecía que parte de su alma, de su conciencia se habían perdido. Tal vez era así, pero no solo fue eso, también parte de su corazón estaba perdido. Aún recordaba con dolor como hace pocos meses le había dicho que lo amaba y había sido dulcemente correspondido, pero ahora esas palabras eran simple humo que se desvanece en el olvido.
Pensar que seguramente Hikaru se encontraba en perfectas condiciones, trabajando con normalidad, “conociendo gente nueva” tal y como él había dicho, le dolía. Era como si un taladro intentara perforar su pecho para llegar al corazón y matarlo, pero nunca llegaba tan profundo y se quedaba en un dolor delirante y casi mortal.
Lastima que solo era casi mortal. Preferiría desaparecer de una vez por todas antes de continuar viviendo de esa manera, con ese dolor.

Dentro de sus días de encierro y depresión, encontró una botella de whiskey. No tenía idea de que hacía ahí, vagamente recordaba que la había comprado para alguna ocasión pero no sabía bien para cual.
Sin importarle siquiera aquello, tomo un baso, sirvió un par de hielos y después una generosa cantidad de whiskey. Y después lo bebió.
Al principio el liquido le quemó la garganta hasta casi asfixiarlo, pero lo tragó de todas formas, ningún dolor, nada, se comparaba a lo que sentía por todo su cuerpo, así que continuó bebiendo sin importar lo demás.

“Intentas cicatrizarte con la bebida,
echas a perder tu vida,
ves el pasado esfumarse.”

Cómo terminó recostado en su cama lo ignoraba. Con torpeza miraba a su alrededor y alcanzó a mirar el reloj digital de su buró. Las diez en punto.
Se levantó lentamente y un punzante dolor de cabeza lo azotó rápidamente, seguido de unas nauseas terribles.
-¡Hasta que despiertas!-
Aquella voz le taladro los oídos. Miró a su alrededor y se encontró con aquel chico alto y delgado de pie en el umbral de la puerta de su habitación.
-Yuto… ¿Qué haces aquí?-
El chico caminó lentamente hacia él y tomó asiento en la orilla de la cama.
-Déjame pensar.  No has respondido mis llamadas en tres días, ni mis mensajes. No has ido a la escuela y al pasar por aquí la casera se me acerca para decirme que no te ha visto salir en tres días y piensa que tal vez estés muerto. Así que me dio una llave para entrar y te encontré borracho en la cocina. Por eso estoy aquí-
Keito miró a Yuto con evidente vergüenza. Jamás hubiese querido que lo vieran en semejante mal estado.
-Lo siento, no quería preocuparte-
-Si no querías preocuparme al menos hubieras respondido a mis llamadas y mensajes. Pero con saber que ya te has castigado lo suficiente estos días voy a dejarlo pasar por ahora. Dime, ¿Qué demonios te ha pasado?-
Keito intentó responder, pero un nudo cerró su garganta y solo pudo bajar la mirada.
-Tiene que ser algo muy grave para que te hayas encerrado así. Además de que no has ido a la universidad. ¿Qué sucede?-
Quería responder, contarle todo, pero no lo hizo. Una parte de su mente le dijo que si lo decía, Yuto tal vez se enojaría y con eso nada iba a solucionarse. Así que respiró profundo y dijo.
-Nada. No ha pasado nada grave. Simplemente me sentía muy presionado con la universidad y me desconecté de todo un rato-
-¿Te embriagaste con whiskey solo por la universidad?-
Keito se esforzó por sonreír.
-Si tu fueras a la universidad me entenderías-
Yuto lo miró fijamente. Tal vez no se creía ni una palabra de lo que su amigo le decía, sin embargo tampoco iba a insistirle. Si Keito no quería decir la verdad, ya la diría tarde o temprano.

“Finges una sonrisa, mientes y dices: “Estoy mejor que nunca”,
y que todo está bien.
Pero no es así, no.
Estás haciendo todo eso por desesperación.
Estas pasando por los seis grados de una separación.”

Yuto tuvo la amabilidad de prepararle algo bueno de comer. No tenía apetito pero se esforzó, no quería levantar sospechas. De alguna manera sabía que la vida continuaría. Sin embargo aún no estaba preparado para esa vida.
Había pasado tanto con Hikaru, a pesar de que en los últimos días no lo había visto mucho, con solo saber que estaba ahí, que en cualquier momento podía ir a su departamento, llamarlo o enviarle un mensaje de texto, lo hacía sentir seguro. Antes podía recordar todo lo vivido con una sonrisa y un suspiro, ahora lo recordaba con un nudo en la garganta y una punzada en el pecho. Ahora entendía lo que era un corazón roto. Estaba seguro de que jamás lo arreglaría, cuando un corazón se rompe no hay nada que lo repare, ni siquiera un nuevo amor, de eso estaba seguro.

“El primer grado.
Crees que lo peor es un corazón roto.”

Cuando Yuto se marchó, le tuvo que prometer que su vida volvería a la normalidad, se había cansado de asegurar que tan solo se había tomado un pequeño descanso, que todo se debía al estrés. Era consiente de que Yuto no se había creído todo aquello, pero confiaba en que su amigo comprendiera y lo dejara solo un poco más.
-¿Cómo voy a vivir ahora?-
Se preguntó tras encontrarse solo de nuevo. Primero, antes de poder si quiera ponerse a pensar de nuevo en Hikaru, se empeño en ordenar un poco el departamento, necesitaba distraerse. Aunque cuando llegó a su habitación eso resultó más difícil.

“Pero lo que te matará será el segundo grado.”

Más recuerdos.
Eso fue lo que Keito encontró mientras intentaba ordenar su habitación. Había fotografías regadas en un rincón de su escritorio. Le sorprendió darse cuenta que Yuto no las había visto, lo cual le alegró.
Las junto todas y trató de no prestarles atención, pero fue inútil, con tan solo ver de reojo el rostro de Hikaru retratado en una fotografía fue suficiente para que las lágrimas salieran de nuevo, desesperadas, ardientes y asfixiantes. Sentía que moriría de dolor, de desesperación y tristeza.
Con un esfuerzo sobrehumano juntó todas las fotos y las metió en un cajón el cual cerró con llave. Necesitaba alejarse de todos los recuerdos, de todo lo que lo hacía desear la muerte. Necesitaba recuperar su mundo, pero era evidente que su mundo ya no sería el mismo.

“Y el tercero,
es cuando tu mundo se divide por la mitad.”

Tiempo atrás existió un Okamoto Keito relajado, entregado a sus estudios, salía muy poco pero aún así su vida era estable y cómoda. Un Keito que no había conocido el amor.
Su mundo era tranquilo, no pensaba en demasiadas cosas y solo soñaba con lo que podría hacer en un futuro. Pero entonces el amor llegó.
Todo cambió de un momento a otro, no estaba consiente en que medida ni en que momento, simplemente lo supo. Lo peor es que lo supo cuando este amor había terminado.
No podía pensar con claridad en los días antes de enamorarse totalmente de Hikaru, todo lo contrario, solo podía recordar el mundo que éste le había dado. Ahora todo estaba dividido en dos partes; el mundo antes de enamorarse y el mundo después de ese amor. Si le hubiesen dicho que todo iba a terminar así tal vez se lo hubiese pensado mejor, al menos eso imagino un día mientras se alistaba para volver a clases.
Después de llorar, de hundirse en un vacío y una desolación aparentemente infinita, tomó la decisión de regresar a la realidad, era el momento de afrontar al mundo que le esperaba ahora; “Un mundo después de Hikaru”.

“Y el cuarto,
pensarás que te arreglaste el corazón tu mismo.”

No había más opción, sin importar lo que le esperaba ahora, tenía que continuar, sabía que podía hacerlo, solo tendría que aprender a olvidar, a cicatrizar las heridas y sobre todo, no olvidar sus objetivos, sus sueños, sus metas, en donde Hikaru ya no formaría parte.
Si lo pensaba fríamente era cosa fácil, pero claro que no iba a ser fácil, después de todo no puedes borrar a alguien tan importante de la noche a la mañana. Sin embargo Keito lo intentaría, sabía que si se concentraba, si juntaba sus fuerzas, lo iba a lograr.
Fue así como al despertar esa mañana decidió que tenía que seguir adelante. Era un jueves radiante, una mañana calurosa, simplemente el inicio que él haría perfecto. Sabía bien lo que tendría que hacer, así que con un profundo suspiro se llenó de valor y salió rumbo a la universidad, tan optimista como podía permitirse ser.
Y vaya que dio resultado. Su día no tuvo mayor complicación más que tener que pedir apuntes y dar excusas falsas a sus profesores para justificar su ausencia. Descubrió que una de las ventajas de ser un alumno sobresaliente era que los profesores te brindaban el apoyo para ponerte al corriente si llegabas a faltar. Ese día se la pasó encerrado en la facultad, de profesor en profesor, después en la biblioteca con un montón de libros y al final salió con una cantidad considerable de copias fotostáticas de apuntes y partes de los libros que necesitaba consultar.
Tan lleno de trabajo no se dio oportunidad de pensar en nada más, no podía existir nada más que eso. Si se enfocaba lo suficiente en un par de meses con seguridad ya estaría normal, tal vez ya podría regresar a su mundo tranquilo y pacífico, tal vez.

Pasaban de las diez de la noche cuando su teléfono sonó, ya se encontraba en su departamento, sumergido en la montaña de apuntes y textos que tenía pendientes, así que respondió sin siquiera mirar el número.
-¿Si?-
Silencio. Después un suspiró y al fin una voz. Esa maldita voz que conocía tan bien.
-Hola-
De inmediato se le secó la garganta, no supo como reaccionar, estaba seguro que hasta había dejado de respirar. Era la voz de Hikaru, diciéndole un “hola” tan natural y aparentemente tranquilo que por un instante dudó si en verdad había escuchado bien.
Incrédulo aún, despegó el teléfono móvil de su oreja y miró la pantalla, la cual claramente decía en letras mayúsculas “HIKARU”.
-Ho… Hola-
Se sintió tonto al tartamudear, pero es que ni siquiera podía procesar bien esa sencilla palabra, ese simple saludo.
-¿Estás ocupado?-
Keito respiró profundo, miró a su alrededor, todas esas hojas regadas por su escritorio, sus lápices y por ultimo las notas que tenía en su cuaderno. Antes de responder se acomodó las gafas y trató de sonar natural.
-Un poco-
-Me lo imaginé-
Dijo Hikaru tras haber soltado una risita peculiar, como si fuese sarcasmo. Antes de que Keito lograra decir algo, el mayor continuó.
-Solo quería saludarte y de paso pedirte mi llave. Sé que no le darás un mal uso pero ya que hemos terminado, no veo razón para que la sigas teniendo-
Keito tragó saliva con dificultad y observó aquella llave que había dejado encima de su buró, junto a una lámpara y su reloj despertador.
-Oh, claro… tu llave. ¿Te parece bien si te la dejó en el buzón? No creo que sea buena idea si-
No pudo terminar la frase. “No creo que sea buena idea si nos vemos ahora”.
Al parecer Hikaru entendió y respondió tranquilamente, como si aquello no le doliera en realidad, y tal vez así era, ya que al parecer el único que sufría horrores era Keito.
-Esta bien, supongo que no has de tener tiempo para pasar a mi departamento-
Por un breve instante Keito notó cierto fastidio en la voz de Hikaru, como si aquello fuese un reproche. Pero a estas alturas los reproches ya no tenían caso, así que seguramente fue su imaginación.
-Bien, pasaré mañana a dejarla en el buzón-
-Bien, entonces… adiós-
Y la llamada terminó.
Keito tardó en reaccionar y lentamente alejó el teléfono de su oído. Su mirada se perdió de nuevo en el vacío y poco a poco sus ojos se llenaron de lágrimas. Tragó saliva para tratar de deshacer el nudo que se formaba en su garganta, respiró profundo y decidió que en lugar de llorar, sería mejor concentrarse en lo que estaba haciendo antes de la llamada de Hikaru, pero ahora le costaría más trabajo, puesto que aún la voz del mayor resonaba por su cabeza, aflorando los recuerdos, los cuales comenzaban a desatar un torrente de emociones que comenzaban a ser difíciles de controlar. Necesitaba desahogarse, pero ya no quería llorar, estaba cansado de llorar, así que solo siguió leyendo y escribiendo mientras se limpiaba los ojos antes de que las lágrimas tocaran su cuaderno. Necesitaba ser fuerte, no podía derrumbarse de nuevo. Aún así su noche continuo con la misma sensación de vació, acompañada de la voz de Hikaru en su cabeza.

“Quinto.
Lo verás salir con alguien más.”

Tal y como lo había acordado, antes de dirigirse a la universidad se dirigió al edificio en donde vivía Hikaru. Se sentía nervioso e inseguro, existía la posibilidad de encontrárselo y no quería verlo, no ahora. Pensaba en que cara pondría, si lo saludaría, si podría sonreírle como antes.
A pesar de sus temores, llegó al lugar sin toparse con Hikaru, entró y se dirigió al área de buzones, localizó rápidamente el número B-402 y leyó la etiqueta “YAOTOME HIKARU-SAN”.
Sonrío ligeramente con nostalgia, abrió la puerta de metal y depositó ahí la llave, junto con una nota que decía:
“Gracias por todo.
O.K”
Decidió firmar tan solo con sus iniciales, no hacía falta poner su nombre completo. Después dio media vuelta y emprendió el camino de regreso. Justo pasaba por una tienda cuando notó que alguien familiar salía de allí, se detuvo en seco y se giró para mirar discretamente, era Hikaru.
El corazón se le detuvo de pronto al verlo, al parecer esperaba que alguien más saliera de aquella tienda, y cuando efectivamente alguien salió, lo que hizo que su corazón se detuviera fue ver que se sonreían y Hikaru le tomaba la mano. Aquel chico era casi tan alto como Hikaru, ambos caminaban por la calle tranquilamente tomados de la mano, sonriendo y conversando. Keito no podía escuchar lo que hablaban puesto que cada vez se alejaban más, pero con solo ver aquello fue suficiente para que su corazón terminara de romperse en pedazos más y más pequeños. Sentía que hacía demasiado tiempo que no veía a Hikaru sonreír así, recordó con nostalgia que en algún momento así debieron lucir ambos cuando caminaban de la mano por la calle, fue entonces que comenzó a recapitular y a recapacitar sobre varias cosas.

“Y el sexto,
es cuando admites que quizá la haz jodido un poco.”

Hace aproximadamente un mes antes de que Hikaru decidiera romper con él, las cosas ya estaban destruidas, pero no era completamente consiente de todo. Si bien era cierto que guardaba resentimiento en contra del mayor por que éste prefería pasar el tiempo trabajando en nuevas canciones y grabaciones, también Keito había hecho cosas similares. Era imposible saber quien había iniciado, pero ninguno de los dos se detuvo a reflexionar sobre aquello.
Para Keito la universidad comenzó a ser más importante, eran pocas las veces que aceptaba salir con Hikaru. Ahora que realmente se ponía a reflexionar aquello, Hikaru era quien siempre lo llamaba para invitarlo a salir, para que se vieran, y era Keito quien lo rechazaba. Por lo que no era de extrañar que cada que a Keito se le ocurría llamar, Hikaru también lo rechazara diciendo que tenía mucho trabajo que hacer. Ambos se distanciaron, ahora Keito se sentía fatal. Hacia tanto que no caminaba por la calle tomado de la mano de Hikaru, que no pasaba toda una tarde a solas con él, que no comían juntos, que no reían juntos. Era de esperarse que todo se acabara.
Si lo hubiese notado antes, si se hubiese dado cuenta a tiempo de que algo andaba mal, que las cosas no se hacían de esa forma, tal vez ahora seguirían juntos.
Quería gritar, correr hacia Hikaru, gritarle que aún lo amaba, que lo reconsiderara, que podían arreglarlo todo. Pero no pudo hacerlo. Algo en su interior deseaba gritar, pedir ayuda, no quería sentirse así, necesitaba a Hikaru en su vida más que a nadie, pero ahora ya no lo tenía y él debía aceptarlo y salir adelante.

“No, no hay ayuda.
Es un sálvese quien pueda.”

No podía dejar de pensar en lo mismo una y otra vez. Aquello le costó un par de llamadas de atención de sus profesores pero no le importó. Hasta ese momento fue consiente de la parte de culpa que le correspondía por haber dejado que la relación se fuese a la mierda.
Si bien era cierto que para él no había cosa más importante que los estudios, también era cierto que la persona más importante en su vida era Hikaru. Tanto tiempo admirándolo, gustando de él en secreto, guardándose sus sentimientos hasta que el mayor se le declaró y así empezó la relación más importante en su vida. Keito era consiente que Hikaru no podía hacerlo todo, si él tampoco ponía de su parte para que todo saliera bien, entonces era de esperarse que todo terminara. Aún no podía explicarse en que momento dejó de notar aquellos detalles, por un momento pensó que el herido era él, quien lo había entregado todo era él, pero no era así. Si bien Keito había amado a Hikaru con todo su ser, el mayor también lo había hecho, pero si no se hubiese encapsulado tanto en otros asuntos las cosas no hubiesen terminado así.  Pero ahora ya no había marcha atrás, las cosas habían resultado así y no había alternativa, tenía que resolverlo y continuar. Era evidente que para Hikaru ya no había espacio para Keito, por lo que había visto esa mañana, ya había alguien más ocupando su lugar.
“-Esta bien, me lo merezco-“
Trató de no pensar mucho en eso y en que esas ganas de llorar se esfumarán rápidamente, así tenía que ser de ahora en adelante.

“Se lo cuentas a tus amigos,
a extraños también.
A cualquier persona que pase a tu alrededor.”

Después de varias semanas, Keito llegó a la conclusión de que no podía seguir guardándose aquello, todo ese dolor y esa pena no podían seguir siendo solo para él, era el momento de compartirlo con alguien, y quien mejor que Yuto, su mejor amigo.
-Siento que ha pasado un siglo sin que me invitaras a salir de parranda-
Comentó Yuto mientras observaba curioso los letreros de cada bar por el que pasaban.
-Bueno, no tengo intensión de ir a divertirme, quiero que hagas tu trabajo como mi mejor amigo-
Yuto miró fijamente a Keito y pregunto.
-¿Y que crees que he estado haciendo todos estos años?-
Keito sonrió.
-Lo sé, pero hoy más que nunca, ¿te parece si solo vamos a mi departamento? No tengo ánimos de estar en un lugar lleno de gente extraña-
Yuto soltó una risa llena de sarcasmo.
-¡Pero si tu siempre tienes ganas de estar en lugares llenos de gente!-
Keito miró a su amigo con cierto resentimiento, a lo cual este respondió.
-De acuerdo, pero pasemos al “seven eleven” por algo de beber, esto tiene pinta de ponerse interesante y creo que vamos a necesitar unas cuantas cervezas-
Keito aceptó, después de todo no le molestaba tomar cervezas, además de que la única botella de whiskey que tenía en su departamento ya se la había tomado en medio de su depresión.

Al estar en el departamento, Keito esperó a que Yuto estuviese cómodo.
-¿Y de qué quieres hablar?-
Pregunto Yuto con cierta curiosidad mientras abría una lata de cerveza.
-Hikaru terminó conmigo-
Lo soltó sin más. Aquello resultó ligeramente liberador, pero aún quedaba enfrentarse con la mirada asombrada de su amigo.
-¿Estás bromeando, verdad?-
-Claro que no estoy bromeando, me encantaría que fuera una broma pero es la verdad-
Keito escuchó como su amigo soltaba un suspiró, después de tomar un largo trago de cerveza al fin dijo.
-Ahora entiendo por que hace unas semanas estabas tan extraño. ¿Por qué no me dijiste nada ese día?-
-Estaba demasiado deprimido para poder decírtelo, sentía que me desmoronaría de nuevo si mencionaba su nombre en voz alta-
Keito tomó una lata y la abrió con facilidad, bebió y miró a su amigo, quien al parecer analizaba la situación mentalmente.
-¿El terminó contigo? ¿Te dijo por qué?-
Keito asintió con la cabeza y bajó la mirada.
-En realidad fue cosa de los dos, cada quien estaba demasiado ocupado con sus cosas, en lo personal tengo que aceptar que pospuse verlo muchas veces con tal de dedicarme más a mis tareas de la universidad, hay un porcentaje elevado de culpa sobre mis hombros-
-¿Cuándo el te llamaba para salir tu siempre estabas ocupado?-
Keito volvió a asentir con la cabeza, después tomó otro poco de cerveza y observó a Yuto, quien parecía seguir analizándolo todo.
-¿Y él? ¿Cuándo le llamabas que hacía?-
-A decir verdad, yo le llamé muy pocas veces, y bueno, cuando lo hacía siempre lo encontraba ocupado-
Yuto dejó la lata de cerveza sobre la mesa y dijo seriamente.
-Así que se cansó de la situación-
-Eso fue lo que me dijo-
-¿Y no has pensado en hablar con él? Tratar de arreglar las cosas, hablar tranquilamente, tal vez eso ayudaría-
Keito se terminó el resto de la cerveza de un solo trago y respondió sin más.
-Creo que ya es demasiado tarde para eso-
Yuto parpadeó confundido y espero a que Keito continuara.
-Hace poco recibí una llamada de él, me pidió que le entregase la llave de su departamento, yo me ofrecí a dejársela en el buzón de correo y el accedió. Al día siguiente fui, me sentía tan nervioso pensando en como debería actuar si me lo encontraba, pero cuando lo vi no estaba solo… él ya tiene a alguien en su vida… alguien que si tiene tiempo para él… y se ve… tan feliz…-
Aquel agobiante nudo volvía a formarse en su garganta, provocándole un dolor tan profundo que le era imposible respirar con normalidad. Sus ojos ardían, sin lugar a dudas las lagrimas saldrían de un momento a otro, furiosas y ardientes.
Yuto observó en silencio como su amigo luchaba por mantenerse fuerte, lo cual no estaba dando resultado.
-Entonces, es tu turno de intentar ser feliz. Inténtalo todo, lo que sea, pero tienes que seguir adelante. Si Hikaru no pudo esperar a que hablaran sobre lo que les estaba sucediendo entonces ya no hay más que hacer, si dices que ya tiene a alguien más entonces tu haz lo mismo. Tal vez no encontrarás a alguien de inmediato, pero debes poner todo de ti para conseguirlo, no solo te encapsules con la universidad, tienes que volver a socializar-
Keito sabía bien que aquello era cierto, en algún momento pensó que dedicarse solo a la universidad sería su salvación, pero no podía evitar pensar que estaba haciendo algo mal.
-Me hubiese gustado que me lo contaras antes, pero veo que has tenido tu propio tiempo y proceso de sanación, ahora es tiempo de que dejes que otros intervengan y te ayuden a sanar esas heridas-
Yuto le sonreía tan radiante, tranquilo y confiado que de inmediato se contagio de ese sentimiento. Su amigo tenía razón, era el momento de comenzar de nuevo, no podía aislarse y guardarse todo para él, tenía que compartirlo y así, poco a poco, aminorar la carga, el dolor.
“Tal vez eso funcione”, pensó mientras le devolvía la sonrisa a su amigo.

“Recurres a las cartas del tarot, gemas y piedras mágicas.
Creyendo que todas esas mierdas van a curarte el alma,
pero no será así, no.
Estas haciendo todo esto por desesperación.
Estás atravesando por los seis grados de una separación.”

Un par de días después, Yuto llegó al departamento de Keito con un chico al que jamás había visto, este se llamaba Ryosuke y ahora era el novio de su mejor amigo.
Pensó que era cruel que en su situación llegara a presentarle a su nuevo novio, pero trato de no tomárselo personal.
-Yuto me ha contado que estas atravesando por un momento difícil-
Dijo Ryosuke mientras observaba fijamente a Keito, el cual asintió tras bajar la mirada.
-Sé que a penas te conozco, pero si necesitas desahogarte puedes contar conmigo-
Keito sentía que aquello era innecesario, no necesitaba sincerarse con el novio de Yuto, sin embargo, la sinceridad con la que había dicho tales palabras lo conmovieron, así que le sonrió en señal de agradecimiento.
-Yuto me ha aconsejado que lo comparta con más personas, supongo que eso haré-
Ryosuke le sonrió y le dijo.
-Creo que deberías intentar algo más poderoso-
-¿Poderoso? ¿A que te refieres?-
La sugerencia de Ryosuke resultó en un verdadero disparate, algo en lo que Keito jamás se hubiese detenido a pensar.
-¿Por qué no visitas a una de esas personas que leen las cartas del tarot? Así sabrás si alguien nuevo llegará a tu vida, o si él esta pasándolo mal-
Keito parpadeó confundido, no se veía asistiendo a esa clase de lugares, pero la posibilidad de averiguar aquello por medio de una clase de “magia” le parecía intrigante, solo esa sugerencia bastó para plantar en su interior la semilla de la duda y de la curiosidad.

Aquello fue lo más tonto que intentó en toda su vida, pero lo hizo.
Buscó sobre esos lugares y dio con uno que parecía popular entre las estudiantes de la universidad que ilusamente creían en esas cosas. Con disimulo logró averiguar que lugar era y al día siguiente ya estaba ahí, tentado a entrar.
-Sé a que has venido, joven de corazón roto-
Le dijo la persona que estaba frente a él, en una habitación bastante obscura y misteriosa, lo único que proporcionaba un poco de luz eran unas cuantas velas que estaban colocadas alrededor de la habitación.
Cuando Keito tomó asiento, distinguió que se trataba de una mujer de unos cuarenta años, llevaba encima una capa obscura y le sonreía con cierto misticismo.
-¿Cómo sabe que tengo el corazón roto?-
Preguntó Keito tras tragar saliva con dificultad.
-Puedo verlo en tus ojos, esa tristeza y vacío solo la reflejan aquellos que han sido heridos por amor-
Keito no supo si creer en eso, estaba seguro de que si sus ojos reflejaban algo en ese momento era más bien un poco de miedo e incredulidad ante la situación.
Mientras Keito analizaba aquello, la mujer se puso a barajar las cartas con habilidad.
-Toma una carta-
Aquello era extraño, pero sin objetar, Keito obedeció y tomó una carta.
-Interesante…-
Dijo aquella mujer mientras observaba aquella carta, Keito tuvo curiosidad de saber que significaba así que no se contuvo, después de todo ya estaba ahí.
-¿Qué es interesante?-
-El amor que has perdido no volverá, así ha tenido que pasar, no era destino-
Y sin más le reveló a Keito que aquella era la carta de un espadachín, jamás había visto semejante carta pero no se molestó en preguntar.
-Entonces… ¿eso significa que solo debo resignarme?-
-No puedes forzar al destino, si aquella persona no era para ti no podrá volver de ninguna forma. Por mucho que puedas amar a esa persona, jamás funcionará-
En lugar de sentirse herido, se sentía tonto por estar ahí, y aún así siguió preguntando.
-¿Por qué no funcionará?-
-Por que no están destinados-
Aquello era una tontería, jamás había creído en el destino y esas cosas, ni siquiera comprendía bien el por qué estaba ahí, así que simplemente dejó un par de billetes sobre la mesa de aquella adivina y salió del lugar.
Se sentía enfadado, aunque tal vez si la mujer le hubiera dicho algo totalmente diferente tal vez estaría manteniendo una ilusión que no lo llevaría a ningún lugar. Lo que si tenía claro era que Hikaru no volvería a su lado, ahora tenía a alguien más y eso ninguna magia podía cambiarlo, nada.

Caminó pensando en todo aquello, tratando de reflexionar sobre los hechos ocurridos. Aún encontraba mucha culpa de su lado, pero también se sentía enfadado con Hikaru, el hecho de que ya estuviera saliendo con alguien tan rápido solo podía significar que ya lo había estado viendo desde antes.
“Así que lo único que esperaba era terminar conmigo…” Aquello tenía sentido para él, no encontraba otra explicación, muy a pesar de que había sido su culpa que últimamente las cosas no funcionaran, al menos él no había visto a alguien más, se había mantenido fiel en cada momento, y Hikaru al parecer no pudo hacerlo.
Eso lo hizo enfadar lo suficiente para querer entrar a un bar un embriagarse, pero después pensó que ya había tenido suficiente alcohol dentro de su situación sentimental, así que decidió seguir con su camino, no tenía caso intentar olvidar de esa manera, de ahora en adelante necesitaría estar completamente sobrio para afrontar la realidad, estaba decidido a hacerlo.

“No, no se puede empezar de cero
sin encontrarle un fin a lo anterior.
Lo recuerdas sin dudarlo,
Ahí es cuando te das cuenta de que
has llegado al sexto grado de una separación.”

Esa noche no pudo conciliar el sueño, como siempre, solo podía pensar en Hikaru. Siempre eran recuerdos felices, los maravillosos y radiantes días que pasaron juntos. Keito había acumulado en su cerebro cada pequeño detalle que ahora eran una pesada carga que solo hacían más grande la herida.
Después pensaba en la posibilidad de que Hikaru haya visto a alguien más mientras aún estaban formalmente en una relación, aunque ya no se vieran tan seguido seguían siendo novios. No sabía si sentirse enojado, frustrado o deprimido. Todo se acumulaba en su pecho y crecía como un torbellino que prometía con arrastrar con todo, incluido él.
No podía seguir así, necesitaba hablar con él, al menos saber la verdad. Si bien ya no había oportunidad de que volvieran, al menos deseaba despejar aquellas dudas, hablar por ultima vez, tal vez así podría cerrar por completo el circulo e intentar iniciar algo nuevo en un futuro no muy lejano.
Ni siquiera podía imaginarse con quién, solo quería sentirse capaz de abrir bien sus ojos y buscar a esa nueva persona, aunque aún no tuviera forma ni rostro, aunque en su mente todo estuviese impregnado de Hikaru, deseaba esa nueva oportunidad.

Sabiendo que sus intentos por conciliar el sueño iban a ser inútiles, decidió salir de la cama, caminó un poco por la habitación, después se dirigió a la cocina por un vaso con agua y miró la hora. Era la una de la madrugada.
De pronto tuvo un impulso.
“Debería llamarle”
No era mala idea, a pesar de la hora estaba seguro de que encontraría a Hikaru despierto, pero no podía asegurar que lo encontraría solo.
“Simplemente puedo preguntarle si esta disponible, si me dice que no entonces solo debo colgar y llamarle otro día…” Pensar aquello fue sencillo, pero hacerlo no suponía tanta facilidad. Tenía miedo, pero quería hacerlo.
Lo meditó por diez minutos, hasta que al fin tomó su teléfono, buscó entre sus contactos y presionó el botón de marcación. Escuchó el tono de llamada entrante. En esos breves segundos podía jurar que su corazón se detuvo. Dejo de respirar. Sonó el segundó tono hasta que alguien respondió.
-¿Keito? ¿Pasa algo?-
Hikaru respondió. Sonaba preocupado.
Keito al fin respiró y se esforzó por recuperar su voz en un segundo.
-Hola, eh… no, no pasa nada, yo solo… quería saber… ¿estás ocupado?-
Keito esperó una respuesta mientras se lamía los labios en señal de nerviosismo, sus manos sudaban terriblemente. Escuchó como Hikaru suspiraba y al parecer soltaba una risita de alivio.
-No, no estoy ocupado, bueno… lo estaba hace cinco minutos y estaba por irme a dormir-
-¿Estás… estás solo?-
No tenía idea del porqué había preguntado semejante cosa, simplemente salió por impulso.
-Si, como siempre-
La voz de Hikaru sonó sincera y por un breve segundo Keito se sintió aliviado.
-Siento molestarte a esta hora… es que yo… he pensado últimamente en muchas cosas y… necesito hablarlas contigo-
Silencio. Keito volvió a aguantar la respiración hasta que Hikaru habló.
-Te escucho, supongo que es algo que podemos hablar por teléfono-
De nuevo ese tonó en su voz, como si continuara dolido con él. Un nudo comenzó a formarse en su garganta, apretó los puños para recuperar fuerza y no demostrar lo difícil que aquello le resultaba.
-Si quieres que sea por teléfono está bien, comprendo que no quieras verme…-
De nuevo el silencio. Tal vez Keito esperaba que Hikaru dijese algo, pero pensó que lo mejor sería continuar o podría olvidar el motivo de su llamada.
-En primer lugar, quisiera aclarar que no te sigo ni te espío o algo por el estilo, lo que vi fue simple curiosidad y solo fue una vez-
Keito habló tan rápido que él mismo se sorprendió. Antes de que Hikaru pudiese preguntar a que se debía aquello, continuo hablando. Esta vez trato de hacerlo más despacio.
-Ya sé que estás saliendo con alguien más y supongo que eso esta bien, digo, nosotros hemos terminado y estás en todo tu derecho. Lo único que quisiera saber es si acaso habías estado viéndote con alguien más antes de que terminaras conmigo. No quiero parecer molesto pero en verdad… en verdad me intriga… porque debes saber que yo siempre pensé en ti, solo tuve ojos para ti y lamentablemente aún es así… no… no quiero que pienses que te estoy rogando ni nada… es solo que-
Las lagrimas comenzaron a caer de sus ojos, ardientes y llenas de dolor. Creía que sería lo suficientemente fuerte para no llorar, pero al parecer no fue así. Su voz cada vez se cortaba más y no podía evitarlo, aún así continuó hablando.
-A pesar de que cometí el error de encapsularme con la universidad y de que te hice a un lado… yo siempre pensé en ti… puede que no me creas y yo… yo entiendo… ni yo me creería a mi mismo pero… es la verdad. Solo quiero saber si… aún estando conmigo… tu ya pensabas en alguien más. Creo que… creo que nos servirá mucho hablar bien las cosas para que… para que así todo pueda terminar definitivamente…-
Keito sentía como las lagrimas seguían brotando de sus ojos, parecía que jamás se detendrían. El silencio de Hikaru lo asustaba, pero ya no era capaz de decir algo más, el nudo en su garganta le exigía poder llorar abiertamente, dejar salir todo el dolor y la tristeza. Pero no podía hacerlo, necesitaba aguantar un poco más.
-¿Y por eso lloras?-
Keito sintió la frialdad en la voz de Hikaru, pero no era una frialdad cruel, era una frialdad para ocultar algo, eso lo supo perfectamente, después de todo lo conocía tan bien.
-Lo siento, no quiero molestarte con esto es solo que… las lágrimas salen y no puedo… no puedo controlarlas… en verdad lo siento…-
Aquella disculpa iba disfrazada de algo más, aquello quería decir algo más y necesitaba decirlo.
-Keito, yo no estoy saliendo con nadie. No sé que viste ni a quien, pero tal vez te confundiste. A veces salgo con Kota pero tu sabes bien que con él siempre me he comportado diferente-
La suave voz de Hikaru inundó todo su ser, cerró los ojos y sintió más lagrimas recorrer su rostro.
-Perdóname… por favor…-
Y se desmoronó.
No pudo contenerlo más, no podía oprimir ese deseo de hacer algo para recuperar a Hikaru, había deseado poder disculparse por su error desde hace tiempo, pero había evitado hacerlo. Orgullo tal vez, o más bien miedo.
Pero ahora nada de eso importaba, lo había dicho y se estaba cayendo en pedazos.
Escuchó como Hikaru reprimía un suspiro y su voz sonó quebrada.
-Por favor Keito, no hagas esto…-
Pero Keito ya no pudo hablar, solo seguía llorando sin importarle que Hikaru lo escuchara.
-Keito… escúchame. Ambos cometimos errores, yo debí ser más paciente, tolerante, debí decirte en el momento que necesitaba más de tu atención. En lugar de eso actúe infantilmente y traté de pagarte con la misma indiferencia, poniendo mi trabajo como excusa hasta que se hizo algo habitual. Terminé por hartarme de la situación y por eso te pedí terminar, no creo que algo así sea fácil de superar-
Poco a poco Keito recuperó el aliento, se limpió el rostro y habló al fin.
-Creo que me he dado cuenta de mi error demasiado tarde… ¿verdad?-
No hubo respuesta. Keito escuchó como Hikaru suspiraba y tragaba saliva con dificultad.
-No toda la culpa es tuya, ya te lo dije-
Ambos se quedaron callados unos segundos, hasta que Keito logró decir al fin.
-¿Ya no me amas?-
-Eso ya me lo preguntaste-
-Lo sé, pero quiero tu respuesta ahora, si es la misma juro no volver a molestarte… solo responde. ¿Ya no me amas?-
Hikaru no respondió. Keito espero pero en el fondo ya sentía cual sería la respuesta. Pensó que no debía forzarlo más, había hecho todo lo que estaba en sus manos, era evidente que no había esperanzas, todo estaba terminado.
-Gracias por haber atendido mi llamada a esta hora, siento haberte molestado. Juro que… esta es la última llamada que recibirás de mi…-
Tragó saliva con dificultad y se esforzó por mantenerse firme.
-En verdad te amé y creo que aún es así, pero supongo que ya pasara. Cuídate y gracias por todo-
Esperó unos segundos, dándole a Hikaru la oportunidad de responder, de decir algo, las ultimas palabras.
-Yo también te amé, Keito. Aún te amo, pero no creo que sea bueno volver. Ambos necesitamos tomar caminos diferentes, tu tienes tu carrera y yo tengo la mía. Mundos diferentes, objetivos diferentes, simplemente no puedo con esto-
Keito sonrió a pesar de las lágrimas.
-Tienes razón, al menos sé que fue verdadero y eso me hace feliz-
-A mi también-
Keito no quería colgar, se quedó en silencio, guardando muy bien en su memoria la voz de Hikaru.
-Adiós-
Dijo él.
-Adiós-
Respondió Keito.

Y todo terminó.

F I N

8 comentarios:

Ary Yamada dijo...

Omg ;_;
Qué cosas es el amor, cuando algo no funciona, puede que haya oportunidades, pero también tiene sus ventajas de no dar buena oportunidad. ú_u
Keitoestemuchacho yelalcohoLLLLL simplemente me encanta ese detalle, no falta el alcohol en una situación muy así[?], ahm...como una parte de la canción, que la a jodido y eso. Literal, pero me a gustado mucho y llevo ventaja que es domingo vacacional, en la que no despreciaré los lunes por eso[?]. :'D Raro, lo sé.~
Pero a dormir que por eso quería leer antes de irme xD
Nos leemoooooooos!~

Anónimo dijo...

De verdad extrañaba leer tus fics, tienes una forma muy genial de escribir, logras transmitir muy bien los sentimientos de los personajes, por un lado sentí mucha pena por el pobre de Keito pero por otro lado entendí el porque Hikaru quiso separarse de él a pesar de que se aman, me entristeció un poco (estuve a punto de la lágrima) pero me gusto mucho =)

Yuko "I LOVE JUMP"

Satommy dijo...

ME HAS HECHO LLORAR ;___; asdasdasd
En mi momento emo, dios mío...
Este fic retrata tristemente todo mi yo y asdasdasd agh muero ;__;
Déjame hacerle una segunda parte ;0;
No puedo vivir así X'D me voy a matar orz

Sakura dijo...

T.T Que triste pobrecito de keito el sufre !!!! y y y y Hikaru no lo quiere perdonar!! porque!!! malo malo malo Hikaru !! juro que me hiciste llorae fue tan triste u...u casi casi me maato!!! -se va a llorae a un rincon a un lado de Keito- muy lindo como todo lo que escribes *~* espero muy pronto subas otro hermoso fix y mas si es Yamajima xD amo todos tus fics prro mas esa pareja y Animo¡¡¡ te apoyo los maestros son malos malos !! ;_______:

Gracias por subirlo fue tristemente bello!

Natarashi dijo...

TwT pobre Keito y bueno también pobre Hika, pero no se pueden aferrar a algo que no tiene futuro u.u pero a un así pobre mi Keito, yo te apapacho gracias por este oneshot

Ageha Chihara dijo...

Ayaa es la primera vez que me vez x aqui xD pero te leo desde el 2013 enero xD o incluso 2012 mediados xD
Que decir que me dejas siempre con las emociones a mil! Que ya me lei todos tus fics

Pero este me matooo ;3; el dia que lo lei me hiciste recordar tntas cosas uy llore como una condenada en mi cama pero... bueno son cosas que a veces pasan ;3; ahora ya lei la conti de Sato <3 y bueno fue peor xD pero en serio tus fics son demasiado para mi corazón
Me veras mas seguido x aqui comentare más!

Paoo Inoue dijo...

Yo me siento tan triste
De verdad que creo que es lo que me falta un cierre ._.
Quizá no sé. Tu fic me ha impactado emocionalmente, me causa un sentimiento tan ....Ayaa Escribes tantas cosas tan bellas de verdad que gracias por compartir esto con tus lectores♥

Que puedo aconsejarle a Keito. Ese amor ya no volverá. Es inútil llorar sobre la leche derramada

Anónimo dijo...

God, esto es...lo que las novelas debería mostrar ahaha pero a quién engaño, NUNCA PASARÁ y es por eso que fue una historia magnífica, quedé tan triste, lo has logrado...ahora solo me resta dormir hecha bolita y olvidar mañana esa sensación algo, bueno, no quiero culparte .-. no, de verdad, gran historia, ahora voy a escuchar la canción.

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