lunes, 20 de diciembre de 2010

Obsess [Cap. 10]

Capitulo 10

Ambos se separaron lentamente, Ryutaro intentó ocultar el rubor de sus mejillas bajando la mirada, la reacción de Kei fue solo decir.
-Gracias-
-No tiene de que agradecer…-
Dijo tímidamente manteniendo la mirada baja.
-¿Cómo sigues de tu pie? ¿Aún te duele?-
-No, ya no mucho, pude llegar hasta aquí sin problemas, mañana planeo continuar con mis actividades normales-
Kei miró con preocupación a Ryutaro.
-¿Estás seguro? Aún puedes descansar más tiempo si es necesario-
-Ya descansé lo suficiente, ya estoy harto de quedarme sin hacer nada-
Al decir estas palabras, Ryutaro miró a Kei con firmeza, este solo sonrió y le dijo amablemente.
-De acuerdo, si así lo quieres esta bien, no me opondré, pero promete cuidarte de ahora en adelante-
Ryutaro asintió con la cabeza y sonrió.
-Ahora debes ir a dormir, no puedes quedarte aquí toda la noche, si mañana planeas retomar tus obligaciones debes comenzar temprano, así que anda, ve a descansar-
Dicho esto Kei volvió a tomar asiento, miró a Ryutaro con amabilidad, este tenía una expresión de disgusto en el rostro, sin embargo no podía hacer nada, Kei quería estar solo, pero al menos había ayudado un poco para no hacer su noche tan pesada.
-Entendido, no se duerma muy tarde-
Kei le revolvió los cabellos y le dijo.
-Anda, ve a dormir niño-
Ryutaro sonrió tímidamente, se dio media vuelta y con pasos torpes aún por el leve dolor que aun persistía, salió de la biblioteca, dejando a Kei solo, trabajando nuevamente, esta vez con mejor ánimo.

Despertó a causa del terrible dolor en su cuello y espalda, al momento de abrir los ojos la radiante luz del sol le hizo cerrarlos de nuevo, lentamente trató de enderezarse y se estiró un poco, se había quedado dormido sobre el escritorio, encima de todos aquellos papeles, pero al fin había terminado, eso lo hacía sentir satisfecho.
-Tengo hambre…-
Murmuró para si mientras se ponía de pie, se estiró otro poco y caminó hacia la salida.
Todo en la casa estaba normal, los sirvientes hacían sus tareas correspondientes, todos iban y venían, al parecer ninguno había notado la presencia de Kei hasta que este entró al comedor.
-¡Buenos días joven!-
Lo saludó la cocinera quien llevaba el pan a la mesa.
-Buenos días…-
Respondió con pesar mientras se frotaba el adolorido cuello.
-¿Se encuentra bien?-
Preguntó preocupada.
-No mucho, dormí en la biblioteca toda la noche y estoy adolorido, ¿Qué hay para el desayuno?-
-¡¡Por Dios!!-
Exclamó la cocinera mientras se cubría la boca, después se acercó a Kei y le dijo casi exaltada.
-Debe ir a descansar, usted no se preocupe, le diré a las demás que le manden su desayuno a su habitación, ande, ande-
Decía mientras empujaba a Kei fuera del comedor, este no tuvo oportunidad de decir absolutamente nada, cuando menos se dio cuenta estaba frente a las escaleras principales.
-Pero que remedio…-
Dijo para sí mientras sonreía y comenzaba a subir las escaleras.

-¡Rápido! ¡Preparen el desayuno y súbanlo a la habitación del joven Kei!-
Gritó la cocinera por toda la cocina mientras dos chicas servían el desayuno. Una preparaba la leche tibia y el pan, otra servía los alimentos y acomodaba los cubiertos.
En ese momento Ryutaro entraba en la cocina, con pasos lentos, al verlo, una de las criadas se le acercó con expresión preocupada
-Ryutaro-kun… ¿Te encuentras mejor?-
-Si, ya puedo caminar mejor, aunque no muy rápido-
La otra criada estaba a punto de decir algo cuando la cocinera gritó de nuevo.
-¡¡¿Pero que esperan par de lentas?!! ¡¡El joven Kei necesita su desayuno!! ¡¡Dense prisa!!-
Las pobres criadas asintieron y en dos charolas, una cada quien, llevaban el desayuno, con cuidado salieron de la cocina.
-¿Qué es lo que sucede?-
Preguntó Ryutaro curioso, la criada que estaba a su lado le respondió.
-Al parecer el joven durmió en la biblioteca toda la noche y ahora le llevaran el desayuno a la cama-
-¡¿Qué?!-
Exclamó Ryutaro preocupado.
-Pobre… todo lo que debe hacer para ser aceptado por su padre…-
Dijo la criada mientras suspiraba con pena y se marchaba para ayudar a limpiar la cocina.
Ryutaro se quedó pensativo, ¿Cómo era posible que Kei sufriera de esa manera en silencio?
-Tengo que hacer algo… debe haber algo que pueda hacer…-
Murmuró mientras observaba el movimiento de la cocina, después notó como una de las criadas llevaba la charola con el desayuno de Kei con dificultad, así que se apresuró en alcanzarla, y antes de que esta tirará todo.
-¿Estas bien?-
Le preguntó a la criada mientras tomaba la charola con cuidado de que nada se cayera.
-Yo lo llevaré por ti, descuida-
-Muchas gracias-
Dijo la criada, estaba apenada por su torpeza, pero Ryutaro le sonrió con amabilidad.
Así, Ryutaro y la otra criada llevaron el desayuno a la habitación de Kei.

Kei se cambió de ropa, se puso algo cómodo y se metió a la cama. Al sentir la suavidad y calidez de esta, cerró los ojos, estaba cansado, no supo exactamente cuanto tiempo durmió pero sabía que había sido poco.
Comenzaba a perderse lentamente, cuando el sonido de alguien tocando a la puerta lo regresó rápidamente.
-Adelante-
Dijo con pereza mientras se enderezaba y se sentaba sobre la cama, se sorprendió al ver entrar a Ryutaro detrás de la criada con una charola.
-¿Y tu que haces aquí eh?-
Preguntó Kei mientras se ponía de pie y se acercaba a Ryutaro, mientras que este colocaba con cuidado la charola sobre la pequeña mesa de madera que se encontraba al centro de la habitación.
-Buenos días joven Kei-
Saludó la otra criada con una reverencia.
-Tú puedes irte, gracias-
Le indicó Kei a la criada, esta se reverenció una vez más y se marcho.
-¿Qué es lo que haces?-
-Solo ayudé a traer su desayuno…-
Respondió un poco tímido ante el enojo evidente de Kei.
-No hagas cosas tan pesadas, si, recuerdo que estuve de acuerdo en que comiences con tus actividades nuevamente, pero pudiste lastimarte mientras subías las escaleras, te dije que te cuidares, sé más prudente por favor-
Ryutaro bajó la mirada, y como si de un niño regañado por su padre se tratase, dijo con voz baja.
-Pero quise ayudar… además no me lastime… no debe preocuparse tanto por mi…-
-¡Por supuesto que me preocupo! ¡Prometí cuidar de ti y eso haré!-
-¡Yo soy quien debe cuidar de usted, es mi trabajo, no confunda las cosas por favor joven!-
Dijo Ryutaro con voz fuerte mientras levantaba la mirada, Kei se sorprendió, después dejó escapar un suspiro y tomó asiento en el pequeño sillón.
-No estoy confundiendo nada, eres un niño, alguien debe cuidarte-
-Yo siempre me he cuidado solo, no es necesario que usted se preocupe tanto por mi-
Respondió Ryutaro con rudeza.
-No entiendes, por lo mismo que siempre haz sido tan independiente quiero cuidarte, no es justo que seas tan independiente a tu edad-
-¡Tengo quince años, no soy un niño!-
Exclamó con fuerza, Kei suspiró nuevamente y cerró los ojos para intentar calmarse.
-De acuerdo, entonces ve, haz lo que quieras, pero si te lastimas no vengas llorando-
-Yo jamás he venido llorando con usted, que disfrute su desayuno-
Dicho esto, Ryutaro hizo una pequeña reverencia y se marchó de la habitación con paso firme, al menos lo mejor que pudo, no quería admitirlo pero el subir las escaleras le había producido que el dolor en su tobillo se intensificara un poco, sin embargo no iba a demostrarlo, al menos no hasta estar completamente solo.

Ryosuke entraba a la cocina de buen humor, extrañamente, cuando vio a Ryutaro entrar con paso lento.
-¿Y tú que haces aquí?-
Preguntó sorprendido.
-¿Tú también?-
Expresó con fastidió mientras desviaba la mirada y tomaba asiento en el pequeño banco de madera que se encontraba junto a una pequeña mesa redonda igual de madera.
-Bueno, ¿Aún te duele cierto?-
Preguntó Ryosuke mientras también tomaba asiento en otro banco.
-Solo un poco, es soportable, puedo caminar y eso es lo importante-
Ryosuke observó detenidamente el rostro enojado de Ryutaro, fue así como pudo adivinar lo que sucedía.
-¿Discutiste de nuevo con el joven Kei cierto?-
Ryutaro miró sorprendido a Ryosuke, pero enseguida desvió una vez más la mirada.
-¿Por qué lo dices?-
Ryosuke río ante la reacción del menor y se puso de pie.
-Siempre que discutes con él te pones así, bueno, yo me voy, tengo cosas que hacer, no te esfuerces demasiado ¿entendido?-
Ryutaro miró tímidamente a Ryosuke y sin más opción asintió con la cabeza, el mayor sonrió y salió de la cocina por la puerta trasera, la que daba al patio trasero.
Al estar solo, estiró su pierna y trató de mover en círculos su pie, aún dolía un poco, sin embargo a medida que lo movía más era soportable, así que cuando sintió que estaba listo y que no habría problema, se puso de pie y salió de la cocina.

Caminó por el gran recibidor, no sabía que hacer, todo el mundo estaba tan concentrado en sus actividades que no lo notaban. De pronto, pasó frente a la biblioteca, observó detenidamente la puerta, miró a su alrededor, como si no quiciera que nadie lo viese entrar. Giró la perilla con precaución, abrió un poco la puerta y entró sigilosamente.
Toda la gran habitación estaba iluminaba por los radiantes rayos del sol, todos los libros perfectamente acomodados en cada repisa, miró hacia el escritorio y todo lo que Kei había estado haciendo esa noche estaba bien acomodado en una esquina.
Se acercó al escritorio de Kei y se quedó de pie frente a él, recordando lo sucedido la noche pasada, sin querer, sus mejillas se ruborizaron un poco y su corazón latió con fuerza. Aquel sentimiento gritaba por salir, por ser expresado de alguna manera, estaba ansioso, aquel sentimiento lo estaba ahogando en una desesperación que cada vez era más difícil de contener.
Lentamente se acercó a la silla y tomo asiento, miró hacía el enorme ventanal, el aroma de Kei aún estaba presente en aquel lugar, suave y agradable, poco a poco Ryutaro cerró los ojos y sin más, los recuerdos de aquel pasado llegaron a su mente.

“Hacía frío aquella noche de invierno, sus padres estaban muertos, asesinados cruelmente frente a sus ojos, todo parecía una terrible pesadilla.
Justo antes de que todo sucediera, el se encontraba dormido en su pequeña cama, solo tenía cinco años, de pronto, escuchó como alguien tocaba a la puerta con fuerza, eso lo asustó y salió de la cama, encendió la vela de su habitación. Abrió la puerta y vio a su padre pasar frente a su habitación, detrás de el iba su madre, asustada. Al ver al pequeño Ryutaro despierto, se acercó a el.
-Ryutaro, ve a la cama, todo esta bien, anda, ve a dormir-
Por más dulce que fuese la voz de su madre, Ryutaro pudo sentir la preocupación en ella, ¿Qué estaba sucediendo?
Fingió que entraba a su habitación, dejó la puerta entrecerrada y observó como su madre se acercaba a donde estaba su padre.
De pronto, todo fue muy rápido, tres sujetos entraron a la fuerza, gritando, su madre suplicaba y su padre intentaba calmar a aquellos sujetos.
Ryutaro no lograba distinguir con claridad lo que todos decían, estaba asustado, sin embargo, nunca lloró.
Pronto, las cosas se pusieron peor, uno de los sujetos sacó un gran machete y amenazó a su padre y madre, ellos suplicaron de rodillas, su madre lloraba, Ryutaro observaba esta escena con atención, quería moverse, correr para defender a sus padres, sin embargo su cuerpo no reaccionó, se quedó inmóvil junto a la puerta, observándolo todo.
Después de gritos, jaloneos y golpes, aquel sujeto golpeo a su padre con aquel machete, atravesándole el pecho sin piedad alguna. El grito ahogado de su madre resonó por toda la casa, Ryutaro estaba asustado, temblaba, pero no podía moverse, su cuerpo continuaba sin reaccionar. Lentamente el cuerpo inerte de su padre cayó al suelo, cubierto de sangre. Aquel sujeto parecía loco, un psicópata talvez, su madre intentó escapar, el deseo por proteger a su hijo la inundó, logró ver al asustado Ryutaro mirar por la puerta de su habitación, intentó correr para cerrarle la puerta por completo y así evitar que aquellos sujetos lograran verlo, sin embargo, apenas logró tocar la puerta, aquel tipo con el machete atravesó con aquella arma la espalda de la señora, haciéndola caer al suelo, inconsciente, muerta.
¿Por qué sucedía todo esto? ¿Ahora que? ¿Seguía el? Estaba asustado, sus padres estaban muertos, cruelmente asesinados, ¿Qué podía hacer? Su cuerpo no reaccionaba, de pronto, escuchó más voces, muchos pasos afuera de la habitación, después comenzó a hacer demasiado calor, escuchó con atención y al parecer no había nadie en casa, era un silencio aterrador. Como pudo, logró abrir la puerta nuevamente, solo para toparse de frente con unas feroces llamas, su casa se estaba incendiando, el cuerpo de su padre fue el primero en desaparecer entre las llamas. El fuego avanzaba, quemándolo todo a su paso.
A paso lento se acercó al inerte cuerpo de su madre, comprobó lo evidente, estaba muerta, llena de sangre, con lágrimas en los ojos. Con ternura se arrodilló y acarició el rostro de su querida madre después escuchó más gritos, sin embargo no logró distinguir nada, lentamente todo se volvía silencioso, ni siquiera escuchaba el sonido del fuego quemarlo todo, era como si estuviese entrando en un gran y obscuro silencio.
“¿Acaso así es la muerte?”
Pensó mientras observaba el quemado cuerpo de su padre y como el de su madre era consumido lentamente por las llamas.
El fuego estaba cerca, muy cerca, respirar era difícil, todo a su alrededor no era más que fuego, estaba seguro de que moriría, así que solo cerró sus ojos y espero el momento.
Sin embargo, antes de que el calor lo ahogase aún más, pudo sentir como alguien lo tomaba entre sus brazos, trató de ver de quien se trataba pero esa persona estaba cubierta por trapos mojados.
-Descuida, estarás bien-
Le dijo, era un niño quien le hablaba y lo cargaba, sin embargo Ryutaro no dijo ni hizo nada.
Cuando estuvieron fuera, aquel niño lo bajó al suelo, Ryutaro observó como las llamas terminaban de consumir su pequeña casa, lo que había sido su querido hogar.
Los vecinos trataban frenéticamente de apagar el fuego, arrojando agua desesperadamente.
-¿Dónde están tus padres?-
Le preguntó aquel niño mientras se quitaba los trapos mojados de encima y se arrodillaba para verlo de frente.
Con la mirada vacía, Ryutaro miró a aquel niño, parecía de una buena familia, llevaba finas ropas y su rostro era hermoso.
Después de observarlo, desvió la mirada hacia su destruida casa y con frialdad solo dijo.
-Están muertos-
El otro niño lo abrazó con fuerza y le dijo al oído.
-Lo importante es que tu estas bien… dime ¿Cómo te llamas?-
Aquel niño se alejó de Ryutaro para verlo nuevamente de frente.
-No lo se…-
Respondió Ryutaro con la mirada vacía.
-Descuida, estarás bien…-
-No… No…. ¡¡¡No!!!-
Gritó desesperadamente apartando a aquel niño de su lado. De forma inesperada el pánico comenzaba a invadirlo.
-¡¡¡Mamá!!! ¡¡¡Papá!!! ¡¡¡No mueran!!!-
Gritó una vez más, estaba enojado, desesperado, asustado, sin embargo ni una sola lágrima salió de sus pequeños ojos.
-Tranquilo… estarás bien-
Aquel niño trató de calmar a Ryutaro, pero era imposible, no dejaba de gritar lo mismo una y otra vez.
Pronto, un señor elegante, con rostro y expresión dura se acerco.
-¿Se puede saber que haces aquí Kei?-
El otro niño se puso de pie rápidamente y miró a aquel señor con temor, Ryutaro dejó de gritar y observó con atención.
-Lo siento padre, solo ayudaba a este niño… su casa se incendió y…-
-No pierdas tu tiempo con esa gente, tenemos que irnos ahora, tu madre esta delicada y quiere verte-
Ryutaro observó como aquel niño cual nombre era Kei, bajaba la mirada, aquel señor se alejó con paso firme.
Después Kei se giró y miró a Ryutaro.
-Haz dejado de gritar, ¿Te sientes mejor?-
Ryutaro estaba sorprendido, aquel niño aún sonreía para él, después de lo duro que lo había tratado su padre, ¿Cómo era posible?
Tímidamente, Ryutaro asintió con la cabeza.
Kei miró a su alrededor, la gente observaba con tristeza lo que había sucedido en la casa del pequeño Ryutaro.
-Ven, te llevaré con alguien-
Kei tomó la pequeña mano de Ryutaro y lo encaminó hacia donde una señora estaba de pie cerca de ahí con su hijo detrás de ella. Amablemente Kei le sonrió y la señora inclinó un poco su cabeza, al parecer se conocían.
-Hikari-san… ¿Cree que pueda encargarse de este pequeño?-
La señora se reverencio ante el niño y dijo.
-Joven Kei, por supuesto, si usted me lo pide-
-Confío en ti, yo lo haría pero mi padre… cuando este lo suficientemente grande lo mandarás a mi casa a trabajar y ahí yo cuidaré de él, ¿De acuerdo?-
La señora asintió y tomó la mano del pequeño Ryutaro para acercarla a ella, se arrodillo y le dijo con ternura.
-Pequeño… tranquilo, todo va a estar bien-
Así, como si de su madre se tratase, lo abrazó con ternura y lo cargó en sus brazos. Instintivamente, el pequeño Ryutaro de tan solo cinco años se aferró a aquella señora con fuerza.
-Gracias Hikari-san-
Agradeció Kei con una sonrisa, después se marchó para alcanzar a su enojado padre.”

Lentamente abrió los ojos, sus mejillas estaban húmedas, había llorado al recordar todo. Era la primera vez que lloraba al recordarlo, aún era duro, difícil, después de eso, estuvo a cargo de la señora Hikari, quien había trabajado en la casa de los Inoo hace tiempo, se había salido para cuidar a su pequeño hijo, de aquel entonces siete años, Yuri.
Fue recibido con amor en aquella casa, le tomó tiempo recordar su nombre y apellido, sin embargo nunca fue forzado a recordar, el pequeño Yuri lo cuidaba como si de su hermano se tratase, hasta que su lazo fue igual de fuerte que el de dos hermanos.
-Todo fue tan rápido…-
Dijo para sí mientras se ponía de pie y se acercaba más al ventanal. La radiante luz del sol parecía cegarlo, sin embargo un par de lágrimas más salieron de sus ojos.
Torpemente limpió su rostro, sacudió la cabeza y salió de la biblioteca.

Caminó por el vestíbulo y se detuvo frente a las escaleras, miró hacia arriba y decidido comenzó a subir con cuidado.
Al estar frente a la habitación de Kei tocó a la puerta tímidamente, no escuchó respuesta alguna así que tocó nuevamente, nada, no hubo respuesta, así que sin más, abrió la puerta lentamente, se asomó un poco y dijo con voz baja.
-Joven Kei…-
Miró con curiosidad y pudo darse cuenta que Kei estaba profundamente dormido en su cama, así que sin más, entró en la habitación sin hacer ruido.
Se acercó sigilosamente hacia la mesa en dónde estaban las dos charolas y trastes del desayuno. Mientras acomodaba los platos en una charola, no pudo evitar sonreír, le alegraba saber que Kei ya había desayunado y ahora estaba descansando. Al terminar, miró hacia la cama, Kei estaba profundamente dormido, lucía cansado.
-Todo lo que hace por su padre…-
Dijo en voz baja mientras tomaba las dos charolas, una encima de la otra, y los trates sucios. Con cuidado se dio media vuelta, pero solo había dado el primer paso cuando escuchó la voz de Kei.
-¿Esta mal lo que hago?-
Asustado, se giró con cuidado, topándose con la triste mirada de Kei.
-Joven… yo… siento haberlo despertado-
Dijo torpemente mientras se inclinaba un poco y bajaba la mirada.
-No te preocupes, ya estaba despierto desde hace rato, solo dormitaba un poco-
Dicho esto, Kei salió de la cama y se acercó a Ryutaro.
-Otra vez haz venido hasta aquí, ¿Acaso no comprendes que el esfuerzo por subir las escaleras puede hacerte daño?-
Ryutaro continuo con la mirada baja y con timidez dijo.
-¿Y usted no se da cuenta que si continua permitiendo que su padre lo siga tratando así terminará por perder su sonrisa?-
Kei miró a Ryutaro con seriedad.
-Es mi padre… y yo…-
-Y usted su hijo… no su juguete-
Ryutaro miraba con firmeza a Kei.
-¿Eso piensas? ¿Piensas que mi padre me ve como un juguete?-
Kei miraba al menor de forma suplicante.
-Solo le puedo decir que un padre no le prohíbe a su hijo hacer lo que más le gusta y no lo deja solo por tanto tiempo para después venir solo a regañarlo y encargarle cosas que debería hacer él-
Ryutaro continuaba mirando con firmeza a Kei, este no dijo nada, solo desvió la mirada y dio un paso hacia atrás.
-Disculpe que le hable de esa forma… pero no es justo que alguien como usted sea tratado de esa manera…-
Ahora la voz de Ryutaro era más suave. Kei dejó escapar un suspiro y miró a Ryutaro.
-Baja con cuidado, no quiero que te lastimes otra vez-
Dicho esto, le dio la espalda y se cruzó de brazos, su voz era triste, al igual que su mirada, no había nada que Ryutaro pudiese hacer ahora, deseaba poder hacerlo pero no era correcto, así que simplemente inclinó un poco la cabeza y salió despacio de la habitación de Kei.

Al bajar las escaleras, se cruzó con Ryosuke, quien cargaba un costal con verduras.
-Ryutaro, ¿Qué haces? No puedes andar subiendo y bajando escaleras-
-Lo se…-
Dijo distante y continuo con su camino rumbo a la cocina, rápidamente Ryosuke le dio alcance.
-¿Ocurrió algo?-
Preguntó, estaba preocupado por la expresión distante del menor. Ryutaro solo bajó un poco la mirada y continuo caminando, dejo la charola con los trastes en la cocina, no había nadie cerca así que se desplomó de nueva cuenta sobre el banco de madera mientras bajaba la cabeza.
-¿Qué ocurre?-
Preguntó Ryosuke, dejando aquel costal en el suelo y sentándose junto a Ryutaro.
-No sé que hacer… todo lo que hago o digo esta mal… no hay forma en que alguien como yo pueda serle de apoyo… estoy desesperado, quiciera poder hacer algo más pero no puedo…-
-¿Otra vez preocupado por el joven Kei cierto?-
Preguntó Ryosuke mientras le daba unas palmaditas en la espalda al menor.
-No es tu culpa, es solo que él no sabe darse cuenta de lo que realmente sientes, de lo mucho que lo cuidas y te preocupas por él-
Ryutaro levantó la cabeza y miró a Ryosuke, aquellos ojos estaban llenos de tristeza e impotencia.
-¿Qué hago? ¿Qué puedo hacer?-
Ryosuke bajó un poco la mirada, tratando de buscar una respuesta.
-Ven, vamos con los caballos, hace mucho que no te relajas cepillando el caballo del joven Kei, anda, tal vez así encuentres la respuesta que busques-
Ryosuke sonreía para Ryutaro, tratando de animarlo, sabía que el menor necesitaba despejar su mente.
-De acuerdo…-
Dijo con resignación, se puso con cuidado de pie, el dolor en su tobillo ya era muy insignificante así que caminó sin problema.

Justo estaban llegando a los establos cuando la voz de una de las criadas llamó la atención de Ryutaro.
-Joven Daiki, que gusto verlo-
Ryutaro miró en dirección a la entrada principal y justo Daiki iba llegando.
-Gracias, ¿se encuentra Kei?-
-Si, esta en su habitación, enseguida mando a alguien para que le avise-
En ese momento la criada visualizo a Ryutaro y a Ryosuke.
-Ryutaro, ve con el joven Kei y avísale que tiene visitas-
-Yo iré, Ryutaro no pued-
Dijo Ryosuke rápidamente, sin embargo Ryutaro lo interrumpió y dijo seriamente.
-De acuerdo-
-Pero…-
-Estoy bien-
Dijo con una sonrisa, tranquilizando un poco a Ryosuke. Al acercarse un poco, Daiki logró verlo.
-Ryutaro-kun, me alegra ver que estas mejor-
-Muchas gracias…-
Dijo inclinando la cabeza un poco, sin más, continuo con su camino, entro a la casa seguido de Daiki, este decidió esperar en el vestíbulo, Ryutaro suspiró profundo antes de subir el primer escalón y comenzó a subir con cuidado.

Cuando logró llegar a la habitación de Kei, tocó a la puerta, esta vez si recibió una respuesta inmediata.
-Adelante-
Así, sin más, abrió la puerta, y sin entrar dijo con seriedad.
-Tiene visitas, el joven Daiki esta aquí-
Ryutaro pudo ver como la mirada de Kei se iluminaba al instante, se levantó rápidamente del sillón, al verlo acercarse, tímidamente Ryutaro se hizo a un lado, y sin decir una palabra, Kei salió a toda prisa, ignorando a Ryutaro por completo.
-Al menos sonríe…-
Dijo Ryutaro para si mientras observaba como Kei se alejaba rápidamente por el pasillo, lentamente cerró la puerta y comenzó a caminar despacio.

Cuando bajó por completo las escaleras, pudo ver como Kei abrazaba con fuerza a Daiki, el solo se limitó a bajar la mirada y alejarse silenciosamente.
Al estar fuera de la casa, se fue rumbo a los establos, Ryosuke aún estaba ahí.
-¿Listo para relajarte un poco?-
Le dijo Ryosuke con una sonrisa mientras le ofrecía el cepillo, Ryutaro bajó la mirada, suspiró y después miró a Ryosuke.
-No estas bien… ¿verdad?-
Ryutaro no respondió, simplemente se acercó, tomó el cepillo y caminó hacia el caballo de Kei.
-Ryutaro… ¿No has considerado que es mejor darse por vencido?-
Le dijo Ryosuke tímidamente mientras cepillaba a uno de los caballos con delicadeza. Ryutaro no dijo nada y continuo haciendo lo mismo.

En cuanto Kei vio a Daiki, no pudo contenerse y lo abrazó con fuerza, había estado anhelando poder tenerlo entre sus brazos desde hace tiempo. Al parecer Daiki no lograba comprender la actitud de Kei.
-¿Qué ocurre?-
Preguntó confundido mientras intentaba corresponder a aquel abrazo.
-No es nada… solo… quería verte-
Así, lo abrazó con más fuerza, tanta, que comenzaba a lastimar un poco a Daiki.
-Kei… no puedo respirar…-
Asustado, soltó a Daiki y lo miró preocupado.
-Lo siento, ¿estas bien?-
-Estoy bien, es raro que me abraces con tanta fuerza, ¿en verdad todo esta bien?-
-Si, todo esta bien, si tu estas aquí todo esta bien ahora-
Daiki miró confundido a Kei, mientras este sonreía ampliamente.
-¿Quieres salir un poco? Por lo que veo hoy no estas ocupado-
-De acuerdo, salgamos, ¿A dónde quieres ir?-
Preguntó Kei con entusiasmo.
-No lo se…-
-¿Quieres caminar por los alrededores?-
-Mejor montemos un rato-
Dijo Daiki con una sonrisa en el rostro.
-¿Ya te sientes muy seguro cierto?-
Daiki asintió con la cabeza y sonrió, Kei se alegró de ver a Daiki tan entusiasmado así que aceptó.
-De acuerdo, pero solo montarás tú, yo iré caminando-
-Pero… así no será divertido-
Dijo Daiki en forma de puchero.
-Pero así podré cuidarte-
Dicho esto, Kei le dio un pequeño beso en la frente a Daiki, este se ruborizó un poco y terminó aceptando.
-Esta bien…-
-Entonces, vayamos por mi caballo-
Así, Kei tomó la mano de Daiki y ambos caminaron hacia afuera de la casa, rumbo a los establos.

Ryutaro y Ryosuke estaban en silencio, el menor estaba por terminar de cepillar al caballo cuando logró escuchar unas voces acercándose.
-Ryutaro… ven-
Dijo Ryosuke rápidamente, tomando a Ryutaro del brazo y alejándolo del caballo de Kei.
Cuando ambos chicos llegaron, notaron a Ryutaro y a Ryosuke.
-Oh… así que aquí estas, ¿Qué haces?-
Preguntó Kei mirando a Ryutaro y como este era sujetado por Ryosuke.
-Terminaba de cepillar su caballo-
-Muy bien, justo ahora voy a usarlo, ¿podrías traer la silla por favor?-
-Si…-
Dijo Ryutaro inclinando un poco la cabeza.
Mientras Ryutaro no estaba, Ryosuke saludó a Daiki.
-Buen día joven Daiki-
-Que tal Ryosuke-kun, ¿Cómo estas?-
-Bien, muchas gracias, usted se ve muy bien también-
-Bueno, de eso se trata, ¿Cómo ha seguido Ryutaro?-
Preguntó curioso, pero antes de que Ryosuke pudiera responder, Kei habló.
-Lo has visto tu mismo, ahora ya puede trabajar sin problema, parece que ya esta en perfectas condiciones-
La voz de Kei era dura, sonaba molesto, Daiki pudo percibirlo pero decidió preguntar después.
Segundos después, Ryutaro llegó con la silla, se la colocó al caballo con cuidado y se alejó para estar junto a Ryosuke.
-Gracias, nos veremos después-
Dijo Kei son seriedad, enseguida le ayudó a Daiki a subir al caballo, tomó las riendas y ambos se alejaron.
Tras lo sucedido, Ryosuke miró preocupado a Ryutaro.
-¿Ahora comprendes que es mejor que te des por vencido? Será mejor así-
Ryutaro de nuevo no dijo nada y solo se dio media vuelta para alejarse, fue entonces que Ryosuke comprendió que el menor tal vez deseaba estar solo.

Mientras avanzaban, Daiki observaba con atención la expresión seria de Kei.
-¿Estas molesto con Ryutaro?-
Preguntó curioso.
-¿Eh?… no… bueno… creo que un poco…-
Daiki río un poco y pregunto.
-¿Por qué? No creo que haya hecho nada malo-
-Solo habla demasiado, y pierde mucho el tiempo con Ryosuke, eso me molesta, ese niño a veces dice cosas que no me gustan-
-Pero deben ser cosas que son ciertas ¿O me equivoco?-
Preguntó Daiki con curiosidad.
-Eso… puede ser…-
Respondió distante mientras se detenía.
-¿Qué fue lo que te dijo para que te molestaras de esa forma con él?-
Kei bajó la mirada y respondió.
-No estoy molesto con el… si no conmigo… por no ver las cosas como él lo hace… por no creer que el es más maduro que yo en algunos aspectos a pesar de que solo es un niño… eso me molesta-
Daiki río con semejante comentario y con cuidado logró bajar del caballo para acercarse a Kei.
-¿Y por qué no dejas de tratarlo como un niño? Tal vez no lo sea y realmente es más maduro que tu… por lo que me has contado Ryutaro ha vivido cosas horribles-
Kei miró a Daiki con tristeza en los ojos.
-Ese niño… pudo haber muerto…-
-Sin embargo ¿Tú lo salvaste cierto? Recuerdo que me dijiste que lo rescataste de un incendio-
Kei asintió con la cabeza.
-Su casa se incendiaba… cuando llegué el estaba solo, su mirada distante, aquellos ojos vacíos me miraron y me dijo con voz fría que sus padres estaban muertos… aún no sé que fue lo que sucedió-
-¿Y eso te preocupa cierto?-
Dijo Daiki mientras acariciaba el rostro de Kei con ternura.
-Yo vi a mi madre morir… y ese niño esta completamente solo… aún no puedo imaginar como murieron sus padres pero sé que debe ser difícil-
La voz de Kei comenzaba a quebrarse, entonces, con ternura, Daiki lo abrazó, Kei correspondió rápidamente a aquel abrazo, tratando de contener las lágrimas que amenazaban con salir.
-Te duele estar enojado con el, te duele ver que es posible que en Ryosuke confíe más que en ti, pero tu no eres su padre, no eres su hermano, solo eres su amo, no hay más que puedas hacer más que protegerlo y cuidarlo hasta donde él te lo permita-
Kei comprendió las palabras de Daiki, lo abrazó con un poco más de fuerza, cuidando de no asfixiarlo como la primera vez.
Después, ambos se separaron un poco, y con una dulce sonrisa Daiki acaricio el rostro de Kei.
-¿Te parece si volvemos y te disculpas con él?-
Kei miró fijamente a Daiki y con una sonrisa negó con la cabeza.
-Ahora estoy contigo, prometo disculparme con él más tarde-
-De acuerdo-
Dijo Daiki, entonces, Kei tomó su rostro con ambas manos y le dijo con ternura.
-Muchas gracias por estar a mi lado-
Daiki se perdió en la dulce mirada de Kei e inevitablemente cerró los ojos ante el beso que este deposito en sus labios.

De nueva cuenta estaba encerrado en la biblioteca, comenzaba a atardecer, pero eso no le preocupó en lo absoluto, no dejaba de mirar el vacío asiento de aquel escritorio.
Dejó escapar un suspiró y murmuró para si.
-¿Es mejor… dejarlo todo?-
No encontraba la respuesta, a Kei le debía la vida, pero inevitablemente se había enamorado de él, de su sonrisa, su forma de ser. Aquel sentimiento lo estaba matando por dentro, puesto que el sabía a la perfección que Kei solo podía mirar a Daiki de la forma que él deseaba ser mirado.
Con un suspiró más, salió de la biblioteca y continuo caminando, observando como las criadas encendían las velas antes de que la noche inundara la casa con su obscuridad.
Caminó sin rumbo por la gran mansión, hasta que sus pasos lo llevaron a un lugar que el consideraba como mágico, el abandonado salón de música.
Estaba casi obscuro, descuidado, con polvo y telarañas, desde que el padre de Kei había prohibido la entrada a cualquiera a ese lugar, todos lo obedecían y nadie entraba.
Le entristeció ver el hermoso piano negro lleno de polvo y telarañas, toda la habitación de un gris enfermo a falta de luz.
Mientras más permanecía ahí comenzaba a sentirse identificado con aquel triste lugar, abandonado, solo y triste, ignorado por el joven Kei, el que tanto amaba tocar el piano.
-De alguna forma… tu y yo somos iguales…-
Dijo mientras quitaba un poco de polvo de aquel gran piano.
-No voy a permitir que sigas así…-
Volvió a decir, y con decisión salió rápidamente de aquel salón, caminó de prisa por los pasillos, entró a la cocina y llenó un pequeño balde con agua, tomó un trapo y caminó de regreso con la misma prisa.
Pero justo cuando pasaba por el vestíbulo, alguien lo saludo, sacándolo de aquella concentración.
-¿Eres Ryutaro?-
Se detuvo rápidamente y miró a aquella persona, estaba sorprendido.
-¡Yabu-san!-
Exclamó mientras se reverenciaba.
-Sabía que eras tú, esos ojos son únicos-
Dijo el mayor con una sonrisa mientras se acercaba a Ryutaro.
-¿A dónde vas con tanta prisa?-
-Es que… hay algo que debo hacer…-
-De acuerdo, no interferiré con tus tareas, solo dime, ¿Sabes en dónde esta Kei?-
Ryutaro bajó la mirada y respondió.
-Salió con el joven Daiki, no deben tardar en volver…-
-Ya veo, bien, supongo que tendré que esperarlos, gracias-
Dijo Yabu con una sonrisa mientras le revolvía el cabello a Ryutaro.
-Con permiso-
Dijo Ryutaro mientras se inclinaba un poco, después continuo con su camino.

Al fin estaba de vuelta en aquel salón, todo estaba un poco más obscuro, así que aprovechó y encendió las velas de alrededor para iluminar la habitación.
-Como antes…-
Murmuró mientras miraba a su alrededor, en su mente apareció la imagen de aquel salón, bien iluminado y con un joven Kei tocando alegremente el piano.
-Yo me encargare de todo ahora-
Dijo con decisión, y sin más, remojo el trapo que llevaba y comenzó a limpiar todo el salón.

Daiki y Kei regresaban después de un largo paseo, en la entrada, el mayordomo le indico a Kei que Yabu los esperaba en la sala principal.
A paso apresurado, ambos entraron a la casa y llegaron a la sala.
-Perdón por la espera-
Dijo Kei mientras saludaba alegremente a Yabu.
-No hay problema, no tiene mucho que estoy aquí, mientras esperaba pude ver a Ryutaro, no lo había visto-
-Bueno, era evidente que lo vieras, trabaja aquí por si no lo recuerdas-
Dijo Kei mientras tomaba asiento, Daiki hizo lo mismo.
-Pero ¿Por qué no lo había visto antes?-
-Estaba enfermo, se lastimó el pie, pero ya esta recuperado-
-Que mal, me hubiese gustado verlo antes, aunque hoy lo vi muy apresurado, bueno, no me extraña, el siempre es así-
Kei suspiró con un poco de fastidio.
-Le dije que no se forzara demasiado y es lo primero que hace-
Yabu soltó una carcajada ante el comentario de Kei.
-¿Aún lo tratas así?-
-Si, aún siente que es su hijo o algo parecido, ¿No es gracioso?-
Comento Daiki mientras sonreía de igual forma que Yabu, Kei los miró algo molesto y decidió cambiar el tema.

Las horas pasaban y Ryutaro no terminaba, sin embargo estaba disfrutando de aquel trabajo, limpiando con dedicación cada rincón, estaba tan concentrado que no escuchó cuando Ryosuke entró.
-¿Pero que haces aquí? Si el señor llegase a venir y te ve serás golpeado-
-Nadie va a verme-
Dijo Ryutaro con tranquilidad mientras continuaba limpiando un librero, acomodando todos los libros de música.
-Deja de hacer esto, te meterás en problemas, mejor vayamos a la cocina, la cena esta lista y el joven Kei preguntó por ti-
-No le digas que estoy aquí, inventa algo, cenaré después-
-Pero…-
-Por favor, déjame solo-
Ante semejante petición, Ryosuke no pudo hacer nada, así que salió de aquel salón, preocupado y pidiendo que el señor no fuese a llegar y lo descubriera ahí.

Los tres chicos terminaron de cenar, era tarde así que era hora de despedirse.
-Muchas gracias por la cena-
Dijo Yabu amablemente.
-No es nada, me alegra que vengan de visita, ¿Les parece si mañana visitamos a Takaki?
-Me extraña que lo pidas…-
Dijo Daiki sorprendido.
-No tiene nada de malo-
Respondió Kei con una sonrisa.
-De acuerdo, mañana iremos a visitar a Yuya-
Dijo Yabu.
-Bien, entonces nos veremos mañana-
Así, los tres se despidieron. Yabu y Daiki salieron juntos de la casa de Kei, mientras este te dirigía a su habitación.

Al estar afuera de la casa de Kei, Daiki y Yabu no se dijeron la mirada, había cierto ambiente de tensión entre ambos.
-¿Ya te sientes mejor?-
-¿Eh?-
Exclamó confuso ante la pregunta de Yabu.
-Nada, olvídalo, te acompaño a tu casa-
-No es necesario, puedo ir solo-
-Solo déjame acompañarte-
Pidió Yabu con tranquilidad, sin más, Daiki asintió con la cabeza. Ambos comenzaban a caminar cuando de pronto, sin querer, Daiki estuvo a punto de tropezar, afortunadamente Yabu logró sujetarlo a tiempo.
-Cuidado, debes fijarte bien en dónde pisas-
Le dijo Yabu con una sonrisa, Daiki lo miró a los ojos y se apoyó en Yabu para enderezarse.
-Gracias, lo siento, fue solo un descuido-
Ambos continuaron demasiado cerca, Yabu no soltaba a Daiki, lo tenía abrazado de la cintura. Se miraban fijamente a los ojos, como si el mundo a su alrededor se detuviese, de pronto, el sonido de unas pisadas los hizo separarse rápidamente, y tímidamente, Yabu se disculpó.
-Lo siento-
Daiki solo negó con la cabeza, así, ambos continuaron con su camino.

Había salido para tirar el agua sucia y llenar el balde con agua limpia, cuando observó como Yabu y Daiki se miraban de una forma poco común, parecía que estaban a punto de hacer algo más que solo mirarse mutuamente.
-No puede ser…-
Murmuró Ryutaro, no era posible que entre Daiki y Yabu hubiese algo diferente, tal vez y solo era su imaginación, sin embargo la forma en la que esos dos se miraban no le agradaba mucho.

1 comentario:

Erza Dragneel dijo...

O_O
bueno son las 2:20am ya esta bueno por hoy, me ire a domrir antes de q mi madre se de cuenta de q sigo despierta, ves lo que tus fics me hacen Ayaa-san! xD..hahahaha no lo puedo evitar me he enviciado *_*
Disfrute este cap, quiero seguir leyendo pero si continuo me van a regañar bien feo xDDD
Arigato Ayaa-san ;p

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